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ALABANZA

  • hace 11 minutos
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La alabanza no depende de cómo amaneciste ni de lo que está pasando a tu alrededor. Alabar a Dios cuando todo está bien es fácil, pero hacerlo en medio de la dificultad es una declaración profunda de fe: Dios, aunque no entienda lo que estás haciendo, sigo reconociendo quién eres Tú.


Pablo y Silas estaban en la cárcel, golpeados y encadenados, pero a medianoche comenzaron a orar y a cantar himnos a Dios. Sus circunstancias no habían cambiado todavía, pero su adoración demostró que su esperanza no estaba puesta en las circunstancias, sino en Dios.


“A eso de la medianoche, Pablo y Silas se pusieron a orar y a

cantar himnos a Dios.” Hechos 16:25 NVI


La alabanza cambia nuestra perspectiva. Nos recuerda que Dios sigue siendo bueno cuando las cosas no parecen buenas, que sigue siendo fiel cuando no vemos respuestas y que sigue estando en el trono cuando sentimos que todo se está derrumbando.


Quizás hoy no tienes ganas de cantar. Quizás tienes preguntas, cansancio o preocupaciones. Pero precisamente ahí puede convertirse tu alabanza en una declaración de fe. No alabes solamente por lo que Dios hace; alábalo por quien Él es.


Hoy levanta tu voz, incluso en medio de la tormenta. Porque cuando adoramos a Dios, no estamos ignorando lo que vivimos; estamos declarando que lo que vivimos no es más grande que el Dios al que adoramos.


Oración


Señor, hoy te alabo no solo por lo que haces, sino por quien eres. Aunque no entienda mis circunstancias, decido confiar en tu fidelidad. Pon en mis labios una alabanza aun en los días difíciles y que mi corazón no dependa de lo que veo, sino de tu presencia. Que mi adoración sea una declaración de que Tú sigues siendo bueno, fiel y digno de toda gloria. Amén.

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