El pecado que aprendiste a llamar personalidad
Hay cosas que llevamos tanto tiempo haciendo que dejamos de cuestionarlas. Decimos soy así, siempre he sido así, esa es mi personalidad. Pero no todo lo que forma parte de nuestro carácter debe ser aceptado como parte de nuestra identidad.
A veces llamamos sinceridad a nuestra manera de herir. Decimos tengo un carácter fuerte cuando en realidad hemos aprendido a reaccionar con ira. Llamamos perfeccionismo a nuestro miedo a equivocarnos. Decimos que somos muy directos cuando simplemente no hemos aprendido a hablar con amor. Incluso podemos llamar independencia a nuestra dificultad para pedir ayuda o control a nuestro deseo de que todo se haga como nosotros queremos.
El problema aparece cuando dejamos de preguntarnos si algo está mal delante de Dios solamente porque se volvió habitual en nosotros.
La Biblia dice: El corazón es engañoso y no tiene remedio. ¿Quién puede comprenderlo? Jeremías 17:9, TLA.
No todo lo que sientes es una mentira, pero tampoco todo lo que sientes es una verdad que debes obedecer. No todo lo que aprendiste en tu familia, en tus relaciones o a través de tus experiencias representa la persona que Dios quiere formar en ti.
Jesús no vino solamente a perdonar lo que hiciste; también vino a transformar quién estás llegando a ser.
Tal vez has dicho durante años yo soy orgulloso, yo soy explosivo, yo soy rencoroso, yo soy celoso, yo soy controlador. Pero cuidado: una conducta repetida puede convertirse en un patrón, pero un patrón no tiene que convertirse en tu identidad.
Pablo escribió: No vivan ya como vive la gente de este mundo. Al contrario, cambien de manera de ser y de pensar. Romanos 12:2, TLA.
El evangelio también confronta esas partes de nosotros que hemos aprendido a justificar.
Dios no quiere quitarte tu personalidad; quiere transformar aquello que en tu personalidad se ha mezclado con pecado. No quiere convertirte en alguien sin carácter, sino formar en ti un carácter parecido al de Cristo.
Por eso hoy vale la pena preguntarte algo incómodo: ¿Qué cosa he estado llamando personalidad cuando Dios me está llamando a cambiarla?
Quizás no eres simplemente una persona de mal genio. Quizás necesitas aprender dominio propio. Quizás no eres simplemente una persona que dice las cosas de frente. Quizás necesitas aprender a decir la verdad con amor. Quizás no eres simplemente alguien que necesita tener todo bajo control. Quizás necesitas aprender a confiar.
La madurez espiritual comienza cuando dejamos de defender nuestras reacciones y empezamos a permitir que Dios las transforme. No tienes que seguir diciendo soy así.
Puedes decir: esto es algo que Dios todavía está trabajando en mí.
Porque tu pasado puede explicar algunas de tus conductas, pero no tiene que convertirse en una excusa para conservarlas. Hoy pídele a Dios que te muestre aquello que has normalizado, justificado o convertido en parte de tu personalidad, pero que Él quiere transformar.
Oración
Señor, muéstrame aquello que he aprendido a justificar y que Tú quieres transformar. Ayúdame a dejar de decir soy así y a tener un corazón dispuesto a cambiar para parecerme más a Jesús. Amén.



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