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Lo que haces para no sentir

hace 2 minutos
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A veces no estamos bien, pero hemos aprendido a funcionar como si lo estuviéramos. Nos mantenemos ocupados, llenamos la agenda, trabajamos más, dormimos, comemos, nos aislamos, buscamos entretenimiento o simplemente evitamos pensar. No siempre porque queramos escapar de Dios, sino porque sentimos que detenernos significaría enfrentarnos a cosas que todavía duelen.


Pero lo que no procesas, no desaparece. Solo aprende a esconderse.


La Biblia dice:Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; ponme a prueba y conoce mis pensamientos» Salmo 139:23. David no le pidió a Dios que lo ayudara a distraerse de lo que sentía. Le pidió que entrara precisamente allí, en los lugares de su corazón que él mismo quizá no podía entender.


Hay cosas que haces para no sentir: te ríes cuando quieres llorar, dices estoy bien cuando no lo estás, te mantienes ocupado para no pensar, evitas ciertas conversaciones porque sabes lo que pueden despertar en ti. Pero Dios no quiere solamente que sobrevivas a lo que sientes; quiere encontrarte en medio de eso.


Sentir no significa que te falta fe. Llorar no significa que estás débil. Reconocer que algo te duele no significa que estás retrocediendo. Incluso Jesús lloró frente a la muerte de Lázaro Juan 11:35. La fe no consiste en fingir que nada duele; consiste en saber dónde llevar aquello que duele.


Quizás hoy Dios no te está diciendo corre, distráete o sé fuerte. Quizás te está diciendo: detente, déjame entrar ahí.


No tienes que esconderle a Dios lo que Él ya conoce. Puedes presentarte delante de Él sin máscaras, sin respuestas preparadas y sin la necesidad de aparentar que todo está bien.

Porque sanar no siempre comienza cuando dejas de sentir. A veces comienza cuando finalmente te permites sentir delante de Dios.


Oración


Dios, hoy dejo de esconder aquello que llevo dentro. Tú conoces mis pensamientos, mis heridas y esas cosas que intento evitar para no sentir. Ayúdame a dejar de huir de lo que necesito procesar y dame el valor para enfrentarlo contigo. Enséñame que sentir no me hace débil y que no tengo que aparentar estar bien delante de ti. Entra en esos lugares de mi corazón que todavía duelen y comienza allí tu obra de restauración. Amén.

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