Crecer duele, pero quedarse igual también
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29 de agosto
Hebreos 12:11 Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia.
Crecer no siempre se siente bien. Hay procesos que duelen porque Dios está trabajando en áreas de nuestra vida que necesitan cambiar. A veces crecer significa dejar hábitos, personas, pensamientos o actitudes que nos resultaban cómodos, pero que ya no nos permiten avanzar.
Y sí, cambiar duele. Duele reconocer que necesitamos mejorar. Duele aceptar que algunas cosas tenemos que soltarlas. Duele salir de nuestra zona de confort. Pero también debemos entender algo: quedarnos igual tiene un precio.
Cuando decidimos no cambiar, seguimos repitiendo los mismos errores, cargando las mismas heridas y viviendo atrapados en los mismos patrones. El dolor de crecer es temporal, pero el dolor de permanecer en el mismo lugar puede convertirse en un ciclo.
Dios no quiere que simplemente sobrevivas; quiere formar en ti una vida que refleje Su carácter. Por eso algunos procesos son incómodos. Lo que hoy te está estirando, mañana puede ser parte de tu madurez.
No tengas miedo del proceso. Si Dios está trabajando en ti, permite que lo haga. Crecer duele, pero vale la pena.
Hoy pregúntate: ¿Qué está tratando Dios de cambiar en mí que yo todavía me estoy resistiendo a soltar?



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