Los siete días de espera de Eliseo
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Hay momentos en los que Dios nos da una palabra, pero entre la palabra y su cumplimiento aparece algo que no entendemos: la espera. La historia de Eliseo y Naamán en 2 Reyes 5 tiene precisamente ese detalle. Naamán llegó buscando una respuesta inmediata para su lepra. Eliseo ni siquiera salió a recibirlo personalmente; simplemente envió un mensajero con una instrucción: Ve y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás limpio (2 Reyes 5:10).
Lo interesante es que Dios pudo haber sanado a Naamán en un instante. No necesitaba siete días, siete baños ni siete intentos. Pero la instrucción fue específica: siete veces. Naamán tuvo que descender al Jordán y repetir un acto que, humanamente, parecía demasiado sencillo para resolver un problema tan grande. Su milagro estaba detrás de una obediencia que requería perseverancia.
Naamán se enojó porque esperaba algo diferente. Él había imaginado que Eliseo saldría, invocaría el nombre de Dios, movería su mano sobre la enfermedad y ocurriría el milagro (2 Reyes 5:11-12). Pero Dios no hizo las cosas como Naamán esperaba. Y muchas veces nuestra frustración con la espera nace precisamente de esto: queremos que Dios responda de la manera que nosotros imaginamos.
Naamán tuvo que descender. Y cada vez que entraba al agua tenía que volver a hacerlo. El texto dice que se zambulló siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios; y su carne se volvió como la carne de un niño, y quedó limpio (2 Reyes 5:14). La sanidad llegó después de una obediencia completa.
Aquí hay algo profundo: el sexto descenso probablemente se veía exactamente igual que el primero. No sabemos qué pensaba Naamán en cada momento, pero podemos imaginar la tentación de detenerse. Ya había obedecido varias veces y aparentemente nada había cambiado. Sin embargo, Dios había determinado que el proceso terminaría en el séptimo.
Hay temporadas en las que obedeces y todavía no ves nada. Oras y no ves respuesta.
Esperas y parece que todo sigue igual. Vuelves a intentarlo y las circunstancias parecen no cambiar. Pero que no puedas ver lo que Dios está haciendo no significa que Dios haya dejado de trabajar.
El séptimo descenso de Naamán no fue simplemente otro intento. Fue la obediencia que completó la palabra que había recibido. No abandones en el sexto paso lo que Dios te pidió completar en el séptimo.
También hay algo importante: Naamán no fue sanado porque el Jordán tuviera poder especial. Fue sanado porque obedeció conforme a la palabra del varón de Dios. El poder estaba en Dios, no en el agua. La instrucción era el camino mediante el cual Naamán debía confiar.
Quizá hoy estás en una temporada en la que sientes que llevas demasiado tiempo esperando. No sabes si estás cerca del cumplimiento o si todavía falta mucho. Pero la historia de Naamán nos recuerda que algunas respuestas de Dios vienen acompañadas de procesos que prueban nuestra confianza.
No confundas demora con ausencia. No confundas repetición con inutilidad. Y no confundas silencio con abandono.
Oración
Padre, dame perseverancia para seguir obedeciendo aunque todavía no vea el resultado. Ayúdame a confiar en tu palabra durante la espera y a no detenerme antes de tiempo. Que mi fe no dependa de lo que veo, sino de quien eres tú. Amén.



Hola bendiciones MINISTERIO PURO DIOS mi Señor ayudame a confiar en tu palabra amén ❤️ ❤️ ❤️
Amén 🙏🏼