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El personaje que aparece cuando te sientes amenazado

hace 3 días
4 min de lectura

Todos tenemos una versión de nosotros mismos que aparece bajo presión. No necesariamente se parece a la persona que mostramos cuando todo está tranquilo. Aparece cuando sentimos que nuestro lugar está en riesgo, cuando alguien cuestiona lo que hacemos, cuando otra persona comienza a destacar, cuando sentimos que podemos ser reemplazados o cuando algo amenaza la imagen que hemos construido de nosotros mismos.


En esos momentos se revela mucho más de nuestro corazón de lo que quisiéramos admitir. La presión no siempre cambia nuestro carácter; muchas veces simplemente le quita el filtro.

Cuando te sientes seguro puedes escuchar una opinión diferente, pero cuando te sientes amenazado quieres defenderte. Cuando estás tranquilo puedes celebrar el éxito de otra persona, pero cuando sientes que ese éxito te deja atrás comienzas a compararte. Cuando no tienes miedo de perder tu lugar puedes servir con libertad, pero cuando aparece la inseguridad comienzas a controlar.


Saúl experimentó exactamente esto con David. Mientras David era simplemente un joven que servía en su palacio, no parecía representar ningún problema. Pero después de la victoria de David sobre Goliat, el pueblo comenzó a reconocerlo públicamente. Las mujeres salieron cantando que Saúl había derrotado a miles, pero David a decenas de miles. 1 Samuel 18:8 dice que Saúl se enfureció y comenzó a mirar a David con recelo.


David no había intentado quitarle el trono. El problema estaba en la interpretación que Saúl hizo de su crecimiento. Lo que para otros era una celebración, para Saúl se convirtió en una amenaza.


Ese es uno de los peligros de la inseguridad: puede convertir el éxito de otra persona en una amenaza personal.


Quizá alguien está creciendo y tú inmediatamente piensas que estás perdiendo. Alguien recibe una oportunidad y sientes que te están desplazando. Alguien es reconocido y comienzas a preguntarte por qué no te reconocieron a ti. Alguien recibe una responsabilidad que antes era tuya y empiezas a demostrar que tú lo hacías mejor.


El problema no siempre está en lo que está pasando afuera. A veces está en lo que esa situación está tocando dentro de nosotros.


Por eso una de las preguntas más importantes que podemos hacernos es: ¿quién me convierto cuando siento que estoy perdiendo mi lugar?

Quizá aparece una persona controladora, defensiva, distante, competitiva o incluso arrogante. Tal vez empiezas a hablar de los errores de otros para sentirte superior. Tal vez necesitas demostrar constantemente que sabes más. Tal vez te cuesta muchísimo ver crecer a alguien que comenzó debajo de ti.


Esa persona también necesita ser llevada delante de Dios.


Pedro tuvo una experiencia similar después de la resurrección de Jesús. Mientras Jesús le hablaba acerca de lo que vendría para él, Pedro miró a Juan y preguntó qué pasaría con él. Jesús respondió en Juan 21:22: Si quiero que él permanezca vivo hasta que yo vuelva, ¿a ti qué te importa? Tú sígueme.


Pedro estaba mirando el camino de otra persona cuando Jesús quería que volviera a mirar el suyo.


La comparación tiene una capacidad peligrosa de desenfocarnos. Puedes pasar tanto tiempo vigilando quién está avanzando, quién está siendo reconocido, quién tiene más oportunidades o quién está ocupando espacios que antes eran tuyos, que terminas descuidando aquello que Dios te pidió hacer.


Tu propósito no se vuelve menos valioso porque otra persona también tenga propósito. Tu llamado no pierde importancia porque Dios esté usando a alguien más. El crecimiento de otra persona no significa automáticamente tu disminución.


La madurez comienza cuando puedes ver a alguien avanzar sin sentir que necesitas competir. Cuando puedes reconocer el talento de otra persona sin cuestionar el tuyo. Cuando puedes celebrar una puerta que Dios abrió para alguien más sin preguntarte por qué todavía no abrió la tuya.


Proverbios 16:18 advierte que el orgullo conduce a la destrucción. Y muchas veces el orgullo no aparece diciendo soy mejor que todos. A veces aparece de una manera mucho más silenciosa: necesito demostrar que sigo siendo importante.


Dios quiere llevarnos a un lugar donde nuestra identidad no dependa de estar por encima de alguien, de ser los primeros, de tener la última palabra o de ser indispensables. Cuando sabes quién eres delante de Dios, puedes perder protagonismo sin perder identidad.

Tal vez la próxima vez que alguien te haga sentir amenazado, antes de reaccionar, detente y pregúntate qué está siendo amenazado realmente. ¿Tu propósito o tu ego? ¿Tu llamado o tu necesidad de reconocimiento? ¿Tu identidad o tu posición?

Porque quizá la situación que te está incomodando no llegó para mostrarte quién es tu competencia. Llegó para mostrarte qué parte de tu corazón todavía necesita seguridad en Dios.


Oración


Dios, quiero que me muestres quién soy cuando siento que estoy perdiendo mi lugar. Examina mis reacciones, mis comparaciones y mis inseguridades. No permitas que el crecimiento de otros despierte en mí competencia, orgullo o resentimiento. Enséñame a confiar en lo que Tú has puesto sobre mi vida y a entender que otra persona brillando no apaga la luz que Tú encendiste en mí. Quiero aprender a celebrar, servir y avanzar sin necesitar estar por encima de nadie. Que mi identidad esté tan firme en Ti que no tenga que defender constantemente mi lugar. Amén.

   

4 comentarios


Adriana Malagon
Adriana Malagon
hace un día

AMÉN 🙏🏻 🙏🏻

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Liliana Sanchez
Liliana Sanchez
hace 2 días

Hola bendiciones MINISTERIO PURO DIOS mi Señor Jesucristo gracias por el milagro que viví está madrugada y examina mi corazón segundo a segundo no permitas que se vuelva así nunca voy despacito contigo amén ❣️ ❣️ ❣️

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RUBY ANABEL Ceron
RUBY ANABEL Ceron
hace 2 días

Señor que mi seguridad y mi identidad se enfoquen en ti🙌

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Amén 🙏🏽 Gracias Dios por darme identidad y a caminar en tí 🙏🏽🤍

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