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Lo que Dios puede hacer con una vida que dejó de intentar impresionar

hace 2 días
3 min de lectura

Llega un momento en el que uno se cansa de demostrar. Demostrar que puede, que sabe, que tiene fe, que está bien, que tiene una vida resuelta, que está avanzando. Cansa construir una versión de nosotros mismos que siempre tenga que verse bien delante de los demás. Y quizá una de las cosas más liberadoras que puede suceder en nuestra relación con Dios es dejar de vivir para impresionar.


Porque mientras estás intentando impresionar, estás demasiado ocupado cuidando tu imagen como para dejar que Dios trabaje profundamente en tu corazón.


Jesús fue especialmente duro con una espiritualidad basada en la apariencia. En Mateo 6 habló de personas que daban, oraban y ayunaban buscando ser vistas por los demás. El problema no era lo que hacían, sino para quién lo hacían. Podían estar haciendo cosas correctas con una motivación equivocada.


Eso también puede sucedernos. Podemos servir a Dios y, al mismo tiempo, estar buscando aprobación. Podemos predicar porque amamos a Dios, pero también porque queremos que reconozcan nuestra capacidad. Podemos ayudar a alguien, pero esperando que recuerde lo que hicimos. Podemos publicar nuestra fe, pero estar mucho más preocupados por cómo nos perciben que por cómo estamos realmente delante de Dios.


Intentar impresionar convierte incluso las cosas buenas en una carga.


Pablo entendió algo diferente. En Gálatas 1:10 escribió que si todavía buscara agradar a la gente, no sería siervo de Cristo. Su identidad ya no dependía de conseguir la aprobación de quienes lo rodeaban. Eso le permitió obedecer a Dios incluso cuando hacerlo no lo hacía popular.


Cuando dejas de intentar impresionar, puedes comenzar a ser honesto.


Puedes decir no sé. Puedes reconocer que te equivocaste. Puedes pedir perdón sin intentar justificarte. Puedes admitir que estás cansado. Puedes servir aunque nadie publique lo que hiciste. Puedes hacer algo bueno sin necesidad de contarlo. Puedes permitir que alguien más reciba el crédito.


Y ahí empieza una transformación profunda, porque Dios puede trabajar con una persona que ya no está obsesionada con parecer perfecta.


Pedro es un ejemplo de esto. Durante los momentos más difíciles de Jesús, Pedro quiso demostrar que sería diferente a todos. Aseguró que jamás lo abandonaría, pero terminó negándolo tres veces. Después de la resurrección, Jesús no comenzó diciéndole que demostrara nuevamente su valor. Le preguntó tres veces si lo amaba.


Jesús no estaba buscando una actuación de Pedro. Estaba buscando su corazón.

A veces Dios permite que nuestras propias demostraciones se caigan para que dejemos de construir nuestra identidad sobre ellas. Quizá tienes que llegar al punto donde ya no puedas sostener la imagen de la persona que intentabas ser. Y aunque ese momento puede sentirse como un fracaso, también puede convertirse en el comienzo de una relación mucho más auténtica con Dios.


Porque Dios no necesita la versión impresionante de ti. Dios puede trabajar con el tú cansado, confundido, imperfecto y todavía en proceso.


David entendió algo parecido cuando dijo en Salmos 51:17 que el sacrificio que agrada a Dios es un espíritu quebrantado y un corazón contrito. Dios no estaba buscando una presentación impecable. Estaba buscando verdad.


Una vida que dejó de intentar impresionar empieza a vivir de otra manera. Ya no necesita ganar todas las discusiones. Ya no necesita demostrar que tiene razón. Ya no necesita competir por atención. Ya no necesita aparentar que todo está bien. Ya no necesita construir una reputación delante de personas porque encontró seguridad delante de Dios.

Y cuando dejas de gastar tanta energía tratando de controlar lo que otros piensan de ti, puedes comenzar a invertirla en aquello que realmente importa.


Quizá Dios quiere hacer algo contigo que no podría hacer mientras estés demasiado preocupado por cómo te ves. Porque algunas de las obras más profundas de Dios ocurren en lugares que nadie ve, en decisiones que nadie aplaude y en procesos que nadie conoce.

La pregunta no es cuánto puedes impresionar a los demás. La pregunta es qué puede hacer Dios con una persona que finalmente dejó de necesitar hacerlo.


Oración


Dios, líbrame de la necesidad constante de demostrar quién soy. Examina las veces que he buscado aprobación incluso mientras decía que quería agradarte a Ti. Enséñame a vivir con un corazón sincero, a servir aunque nadie me vea y a obedecer aunque nadie me reconozca. Quiero dejar de construir una imagen y comenzar a construir una vida verdadera contigo. Que mi seguridad no dependa de lo que otros piensen de mí, sino de saber quién soy delante de Ti. Amén.

5 comentarios


Adriana Malagon
Adriana Malagon
hace 7 horas

AMÉN 🙏🏻 🙏🏻

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RUBY ANABEL Ceron
RUBY ANABEL Ceron
hace un día

Amén, rindo mi corazón a ti. Quiero despojarme de todo aquello que limita tu obra en mi; que mi motivación cada día sea agradarte a ti♥️

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Ismael Ramos
Ismael Ramos
hace un día

AMÉN,Señor enséñame agradarte con mis buenas acciones hacia los demás,sin demostrarle a nadie,sino que sea agradable a ti,cuídame en este hermoso día, AMÉN

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Señor enséñame a que debo de pensar Siempre de agradarte a ti, a tener una Excelente Relación Contigo. Te Amo, te Necesito. 🙏🙏🙏

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Amén 🙏🏽

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