El síndrome de la vida pendiente
Hay personas que no están viviendo realmente su vida, están esperando que su vida comience. Dicen que cuando tengan más dinero estarán tranquilos, cuando se casen serán felices, cuando consigan ese trabajo descansarán, cuando solucionen ese problema volverán a disfrutar, cuando Dios responda esa oración entonces podrán sentirse en paz. Y sin darse cuenta, convierten toda su existencia en una sala de espera.
El problema es que la vida pendiente siempre tiene una nueva condición. Cuando consigues aquello que estabas esperando, aparece otra cosa. Cuando alcanzas una meta, inmediatamente aparece otra. Cuando resuelves un problema, surge otro. Y si no aprendes a vivir en el presente, puedes pasar años esperando una versión de tu vida que nunca llega exactamente como la imaginaste.
Jesús habló de algo parecido en Mateo 6:34 cuando dijo que cada día tiene sus propios problemas. Es una enseñanza sencilla, pero profundamente incómoda: Dios no te está pidiendo que vivas hoy las preocupaciones de mañana. Hay cargas que pertenecen a otro día y que estamos intentando cargar antes de tiempo.
A veces incluso espiritualizamos nuestra incapacidad para vivir el presente. Decimos estoy esperando en Dios, pero en realidad estamos posponiendo nuestra obediencia. Decimos cuando Dios abra la puerta, pero mientras tanto no hacemos nada con la puerta que ya está abierta. Decimos cuando tenga más tiempo buscaré a Dios, cuando tenga estabilidad serviré, cuando esté mejor comenzaré, cuando todo esté en orden obedeceré.
Pero Dios también trabaja en el mientras tanto.
Moisés pasó años en el desierto antes de regresar a Egipto. David fue ungido como rey mucho antes de sentarse en el trono. José recibió sueños sobre su futuro y después terminó en una prisión. Ninguno de ellos podía controlar cuánto duraría la espera, pero sí podían decidir qué hacer con el lugar en el que estaban.
El problema de vivir pendiente del futuro es que comenzamos a despreciar el presente. Ya no vemos lo que Dios está haciendo hoy porque estamos obsesionados con lo que todavía no ha hecho. Ya no disfrutamos a las personas que tenemos porque estamos esperando encontrar a otras. Ya no agradecemos por lo que tenemos porque estamos concentrados en lo que falta. Ya no obedecemos en lo pequeño porque estamos esperando una oportunidad grande.
Eclesiastés 3:11 dice que Dios hizo todo hermoso en su momento. No dice que todo será hermoso cuando finalmente llegue aquello que estás esperando. Habla de su momento. Eso significa que incluso esta etapa que quizá quieres superar puede contener algo que Dios quiere hacer en ti.
Tal vez estás esperando una respuesta, pero Dios quiere enseñarte a confiar. Estás esperando una puerta, pero Dios quiere enseñarte fidelidad. Estás esperando una relación, pero Dios quiere enseñarte a estar completo en Él. Estás esperando estabilidad, pero Dios quiere enseñarte a no construir tu paz sobre circunstancias que pueden cambiar.
No todo lo que estás esperando está mal. Esperar es parte de la vida. El problema aparece cuando conviertes la espera en una excusa para no vivir.
Quizá hoy no tienes la vida que imaginaste, pero sí tienes este día. Tienes personas que amar, decisiones que tomar, cosas que aprender, oportunidades que aprovechar y una relación con Dios que puede crecer ahora mismo.
No necesitas tener todo resuelto para comenzar a vivir. No necesitas conocer todo tu futuro para obedecer el siguiente paso.
Deja de tratar el presente como el pasillo que tienes que atravesar para llegar a tu verdadera vida. Esta también es tu vida. Este día también cuenta. Esta temporada también puede ser parte de la historia que Dios está escribiendo.
Porque quizá el milagro que estás esperando no sea que finalmente llegue el futuro que imaginaste, sino descubrir que Dios ya estaba presente en el día que estabas tan desesperado por superar.
Oración
Dios, perdóname por las veces que he vivido esperando que mi vida comience. Enséñame a reconocer tu presencia en este día y a no despreciar la temporada en la que estoy. Ayúdame a esperar sin quedarme paralizado, a soñar con el futuro sin abandonar el presente y a confiar en que tu tiempo también tiene propósito. Quiero dejar de vivir pendiente de lo que falta y comenzar a agradecer por lo que ya has puesto delante de mí. Enséñame a vivir hoy contigo. Amén.



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